alejandra

Línea delgada

Bueno, creo que es hora de escribir un poco.

Muchas veces en la vida, y me incluyo en esto, nos encontramos con que hemos cruzado una línea delgada que divide a veces lo bueno de lo malo, (este es un juicio a priori, aquello de lo bueno y lo malo, se distingue por la definición que por experiencia tenemos de ello) sin darnos cuenta claro está, en qué momento la hemos cruzado.

Caminamos tanto sin darnos cuenta de nuestros pies, de nuestros movimientos, movimientos que en la mayoría de las veces nos hace avanzar y nos hace retroceder, movemos los brazos sin saber porqué, de vez en cuando tratamos de mirar sobre nuestro hombro, para tratar de ver quién se encuentra detrás o a nuestro lado; pero todo esto lo hacemos sin consciencia.

Y digo esto de la consciencia, porque nuestros pensamientos en muchas ocasiones no se rigen por ello. Surgen se la inercia, casi de la nada, introducimos modismos, palabras, frases y actuaciones, las cuales se reflejan y se dirigen a los demás, pero lo hacemos sin consciencia!, y ahí, en ese punto, entre ese pensamiento y la palabra, en esa sin-consciencia, es que cruzamos la línea delgada de la “moral”.

Abro y cierro comillas en la moral, no porque la cuestione, sino porque la distinción entre aquello que parece bueno o malo, parte del concepto que yo tenga de ello.

Cuantas veces he cruzado la línea y cuanto daño he causado, cuantas veces la he cruzado y cuanto bien he hecho!. Y lo peor, sin darme cuenta.

Hoy apunto esta reflexión en mi cabeza, hablo con mis consciencias, cada una de esas que sin darse cuenta han cometido errores y propongo una pisada al suelo mirando fijamente mis pies y dándome cuenta que el movimiento de los brazos, corresponde a un mecanismo de equilibrio, y que ese voltear levemente sobre el hombro a mirar a atrás, corresponde a un instinto de conservación y seguridad.

No somos dueños de lo bueno ni de lo malo. Somos dueños de la circunstancia, somos dueños del sentimiento, mismo que se dispara en reacciones indefinidas, cuando yo, o alguien cruza una línea de tantas líneas.

Si supiéramos cuantas líneas podemos trazar, no seríamos humanos, estaríamos diseñados para trazar rectas, y tal vez obtendríamos el valioso aprendizaje del error, a través de los libros, pero como no sabemos cuántas hemos trazado, siempre que crucemos una, hemos de aprender la valiosa lección que nos da el error.

A veces en el mismo acto de sumirnos en el sentimiento que se desprende de la angustia, de la rabia, de la ira, somos maestros. Nos demostramos a nosotros que en el ejercicio de cometer errores, no tenemos nada escrito, y como las páginas de libro se encuentran abiertas, somos capaces de crear la historia, y recrearla cuantas veces podamos, y cada vez, será diferente.

Por eso, nadie tiene la potestad de ver con nuestros ojos la realidad que vemos.

Pido disculpas por entenderlo hasta ahora, pero la gracia, es que ya está escrito y puedo reinventarlo.

Reitero mi deseo de consciencia, sin perder la esencia de lo que somos, y hago un llamado a la prudencia, para que ésta nos permita de pronto y en la lejanía, si quiera, ver rastros de líneas que siempre habremos de cruzar.

Abrazos desde el alma.

Alejandra López

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