Veterano de mi tierra
que moldeas mi piel
para sembrarla
y augurando beneficios recolectas
los frutos de amor
que ayer plantaste.
Veterano de mis guerras
que me asedias y combates
porque sabes tu victoria
en mi plaza ya entregada.
Te reconozco morada.
Habitáculo impugnable.
Emérito y héroe invicto,
ciudadela de mis valles.
Veterano en la planicie
de mi vientre reposado;
señor indiscutible
que abarca en sus manos
mis laderas.
¿Quién como yo?-dices-
y te elevas y te eriges
como el dios familiar
que me ha creado.
Y en tus dedos soy el barro
que a tu hálito despierta.
¿Quién como yo? -insistes-
aunque sabes la respuesta.
Veterano de mis noches,
de mis muertes incompletas.
De mi renacer diario.
Creador de ciclos que renuevan
mis comienzos contínuos,
mis trémulos despertares...
Señor y dador de vida.
De muerte.
De rosas...
De sables.